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| Mensajes inspiradores Escojamos el engranaje para activar sistemas de creencias. Pensamos, después modelamos, luego hablamos. ¡El lenguaje tiene poder para activar la razón! En la Biblia encontramos mensajes inspiradores que transforman nuestras vidas. Hoy contamos con personas capacitadas para transformar nuestras comunidades con mensajes de actualidad que nos mueven a la acción. Leamos éste: La metáfora del feligrés infiel
A principios del Siglo 21 un hombre, Odacep Y. Apluc, moría en el hospital a causa de una enfermedad conocida por tristeza.
Los médicos desconocían como tratar al paciente ya que los resultados de los exámenes de laboratorio eran normales y no presentaba algún síntoma particular relacionado con su condición física. La tristeza invadió su estado anímico. Su voluntad para alimentarse y ejercitarse decayó al extremo de enflaquecer hasta pesar noventa y nueve libras.
Su esposa lo acompañó todo el tiempo hasta que el paciente le pidió que regresara al hogar. Sus padres querían ayudarle más él no les escuchaba. El líder de su iglesia vino a visitarlo, mas no vio oportunidad para el diálogo, por lo que rezó y oró en silencio por la recuperación de su amigo y hermano espiritual. El paciente pidió a la enfermera que no aceptara visitas para así poder reflexionar sobre todos los eventos significativos de su vida.
Una mañana temprano escuchó la risa de niños cerca de su ventana y observó un grupo de doce niños y niñas de unos siete años de edad, de diferentes etnias, vestidos en colores llamativos con atuendos de diferentes culturas. Formaron doble círculo y al ritmo de música alegre bailaron intercambiando sus parejas. ¡Todos lucían maravillosos! Por unos veinte minutos no pudo apartar su mirada de los movimientos impecables y los trajes llamativos.
Su mente voló hacia sus siete años cuando participó en un evento de confraternización celebrado entre padres y maestros de su escuela elemental. La maestra les vistió con diferentes atuendos y les presentó como el grupo de baile de bomba y plena. Él bailó la bomba con Dina, una niña morenita, y la plena con Lea, una rubita. Se sintió seguro con ambas porque ellas representaban bien sus respectivos ritmos. Desde entonces asoció la bomba con morenas y la plena con rubias de modo que con sólo escuchar esos ritmos recordaba las imágenes de las niñas. Llegó a sentirse atraído sentimentalmente por las niñas, hasta pensó que no podía amar a otras niñas. Como toda relación de infancia, él no supo más de la vida del grupo que naturalmente se separó por sus respectivos senderos de vida hasta el presente.
Cuando estudió en la universidad del país buscó con ansias los rostros de las jovencitas morenas y rubias para ver si lograba reconocer en ellos a sus amadas perdidas. Un día miró con asombro el rostro familiar de una jovencita rubia quien le sonreía amigablemente. ¡Imposible! No puede ser que yo halla encontrado el amor perdido de mi vida. Quedó prendado pero no se atrevió a hablar sobre sus recuerdos. ¡Es ella! Tiene los mismos movimientos y la misma gracia que Lea. Él procuró seguirla de lejos para conocer los salones de clase, las materias que tomaba, en fin todo lo que pudiese acercarlo más a ella. ¡No quiero perderla de nuevo! Fue así como un día, con el pretexto de que se dirigía a un salón del mismo departamento, ella le permitió acompañarla. Él no pronunció ni preguntó su nombre por temor a que fuera otra persona. Su corazón latía tan fuerte que pensó que ella podía escucharlo a cuatro pies de distancia. ¡Él estaba enamorado y ella lo sabía!
Pasó un fin de semana interminable. No pudo tranquilizarse ni conciliar el sueño, el lunes le parecía distante.
Cuando él se enteró que su nombre era diferente, que había nacido y se había criado al otro extremo del país, no sabía donde quedaba su pueblo natal y que ella tenía novio ya era tarde, ¡estaba enamorado! No podía sentir celos de alguien que había llegado primero a su vida. Por tal razón cuando le pidió que fuese su novia y ella le contestó, ¡Imposible, yo tengo novio!, él le repostó: “Yo no soy celoso, soy paciente”.
Así fue como él logró conquistar y casarse con Ana Sedecrem con quien vive por años, en felicidad y ternura junto a sus hijos e hijas.
Un tiempo más tarde él asistió a una actividad de su iglesia, junto a su familia, donde se presentó una dama morena, muy atractiva, con un grupo de bomba y plena. Esta vez él cambió su semblante. Sintió que su corazón explotaba y le invadía el miedo y la vergüenza porque su familia y el ministro estaban sentados muy cerca. Ellos le consideraban ser un hombre modelo, bien devoto. ¡Inaudito!, pensó: esto no puede ocurrirme ahora. La morena sintió su presencia y le sonrió amigablemente. ¡Esta sí debe ser Dina! Ella pronunció su nombre al presentar al grupo de baile profesional que dirigía, quienes estaban, dicho sea de paso, bien cotizado en el país. Durante el receso Dina se le acercó y se presentó formalmente. En el momento ella no lo asociaba con el grupo de escuela elemental mas él le recordó la actividad de padres y maestros de aquellos siete años. Ella entonces sí recordó y le abrazó con emoción y gozo. ¡No podía ser, ella también lo recordaba como una obsesión!, no imaginaba que él fuese su pareja de baile. Desde entonces se sintió confundido sin poder controlar sus sentimientos; ¡estaba enamorado de nuevo!
Desde entonces sintió repugnancia por sus emociones. La vida no tenía sentido, no valía la pena seguir demostrando algo que no era. Se entregó a pensamientos de culpa y pecado de los que tanto se predicaba en contra en su iglesia. Su alma estaba destinada a las llamas eternas del infierno. Su ministro decía que se adulteraba con el pensamiento y eso es lo que él hacía; pensar constantemente en Dina bailando con cadencia rítmica y alegre, su cuerpo esbelto vibrando al repique del tambor y del bongó. La tenía en sus pensamientos y en sus sueños, día y noche, como un fantasma seductor. Sacudía su cabeza para liberarse del hechizo, mas éste llegaba con más insistencia. Llegó el momento en que se unió al sufrimiento la imagen de Lea y, ¡ahora eran dos los fantasmas seductores! ¡Justo como advierte la Biblia!: cuando el feligrés se aleja de su palabra llegan legiones de demonios para atormentarle. Él no quería morir, mas no podía vivir en este infierno. Si moría su alma perecería sin remedio. Debía buscar la manera para que Dios, en su gran comprensión, tuviese misericordia y lo perdonase. Primero, debía arrancar los recuerdos y la música maldita de su mente. ¡Él tenía que hacer penitencia como castigo por su pecado!
Nunca supo cuanto tiempo transcurrió ocupado en sus pensamientos cuando el ruido de la puerta le trajo de regresó a su cama. El grupo de niños y niñas se acercó seguido de Dina, quien le inquirió: “¿Cómo te gustó nuestro aguinaldo?, ¡Es nuestro regalo de Navidad! Supe de tu dolencia y preparé a los niños de tu iglesia para que conocieras lo mucho que te queremos. ¡Tú representas para nosotros todo lo bueno y amoroso! Yo te amo por lo que representas para mí. Eres la inspiración en mi carrera profesional. Cada vez que bailo estás representado en la pareja, tal cual fuimos cuando niños, y doy más de mí para que la pieza sea exitosa. ¡Te amo por todo lo que representas en mi vida! Mi esposo, José, está conmigo y quiero que él conozca al héroe de mis bailes.”
Desde entonces Odacep Y. Apluc comenzó su proceso de alimentación y restauración porque esta vez comprendió que no se es infiel al amar lo que otra persona representa.
15 de diciembre de 2007
Escrito por: Evideloil Gauthier Montañez, MAR, MLU
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